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Rosal enano

Rosal enanoEl rosal enano, también conocido como rosal mini o rosal de pitiminí, constituye una variación enana de los típicos rosales. Son plantas ideales para cultivar en interior, aunque también pueden tenerse en exterior.

Las primeras clases de rosas enanas se advirtieron en Europa, durante el siglo XVII, procedentes las antiguas rosas de jardín Gallicas y Centifolias. Asimismo, el arte chino del siglo XVIII refleja ejemplares de estos rosales, de los cuales , según cuenta la historia, se derivan, en su mayoría, las rosas de la actualidad.

Características del rosal enano

Las hojas de los rosales enanos son muy similares a las de algunas variedades de jardín. Sin embargo, sus flores son pequeñas y agrupadas a modo de pequeños capullos, por lo cual se les denomina pitiminí.

A diferencia de otras rosas, las clases enanas no precisan de la incidencia de la luz del sol por largos período, por lo cual se desarrollan mejor en interiores, fundamentalmente en lugares húmedos. Asimismo, esto determina que su riego debe ser constante. En todos los casos se deben evitar las temperaturas superiores a los 21 ºC y el frío. Es recomendable que durante la floración, el rosal enano reciba, junto al regado, algún fertilizante.

¿Cómo cultivar un rosal enano?

El rosal enano debe sembrarse con una capa de piedrecillas o grava en el fondo, la cual permitirá que la planta se mantenga húmeda sin llegar a hacer contacto con la maceta. Una de las claves para que esas rosas crezcan saludablemente es evitar que el agua toque o se estanque en el fondo.

Por su parte, la poda del rosal enano se debe realizar después de cada floración, y nos permitirá reducir la altura de la planta hasta la mitad, al punto de poder eliminar las flores marchitas y troncos secos. Es recomendable, además, que cuando la floración termine, el rosal enano se traslade hacia el exterior de la casa, específicamente, para un lugar donde reciba sombra. Ése es un buen momento para que tenga su período de reposo. Nunca permitas que pase el invierno en el exterior.

Plagas que puede atacar al rosal enano

El rosal enano, al igual que las demás variantes de rosas, es muy sensible a las plagas, por lo cual su fumigación es, casi, constante. Entre las principales afecciones del rosal enano se encuentran:

  • Pulgón: ataca los brotes tiernos y enrolla las hojas. Entre los síntomas de esta plaga se hayan la melaza, el hongo Negrilla y la presencia de hormigas. Para enfrentar a los pulgones se recomienda pulverizar la planta con agua jabonosa o con agua templada a presión.
  • Ácaro (Araña roja): en el envés de las hojas se observa un color amarillento grisáceo, en forma de puntitos amarillos o marrones a trasluz. En ocasiones se pueden ver finos hilos de telarañas. Para combatirlo se recomienda el espolvoreo, aunque los resultados pueden tardar. El tratamiento debe repetirse varias veces pues la plaga se halla en el envés de la hoja.
  • Minador de hojas: son larvitas de varias especies de pequeñas mariposillas que crean galerías o minas. Lo ideal es arrancar y quemar las hojas afectadas. También se puede controlar con Naled, Acefato o Ciromacina.
  • Cochinilla: los síntomas de esta plaga son hojas brillantes y pegajosas a causa de la melaza que excretan; follaje descolorido y deformaciones de las hojas. La especie que ataca a los Rosales es Aulacapsis rosae. El tratamiento efectivo es a base de aceites minerales.

Enfermedades que pueden sufrir los rosales enanos

Por su parte, las principales enfermedades que atacan al rosal enano son: Oidio, Cenizo o Mal Blanco (padecimiento más importante y frecuente en el rosal) y La mancha negra.

El Oidio presenta como síntoma fundamental la presencia de un polvillo blanco o gris claro en hojas, tallos o flores. Trae como consecuencia que las hojas amarilleen, sequen y caigan. Ataca, fundamentalmente, la parte joven de la planta. El tratamiento ideal es el preventivo con azufre, con temperaturas inferiores a los 32ºC.

La mancha negra del rosal, como su nombre lo indica, se caracteriza por la aparición de manchas negras circulares en las hojas, las cuales mueren y caen ante sus efectos. Ante los primeros síntomas, lo ideal es eliminar las hojas afectadas. Esta patología desaparece con el mismo tratamiento que el del Oidio y el Mildiu.



    
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